martes, 6 de enero de 2015

De intentos fallidos

Me dicen que nada en la vida tiene sentido,
los ilusos transeúntes de un país sin dirección.
Me dicen que levantarse no te da motivos para luchar por abrirse camino.
Y me preguntan por qué lo hago.
Desde que empiezo a pensar en una razón,
desde que cierro mínimamente los ojos, allí estás tu.
Me enumeras tus incontables virtudes simplemente bailando para mí.
Me dicen que de donde saco animos para la luz del sol,
y yo noto el calor que me crece por dentro cuando te veo de perfil,
luciendo poco más que la figura de un ángel.
Me detengo en tus labios, en tu nariz,
me fijo pacientemente en como se elevan tus pestañas,
y me detengo en cada una de ellas para trazar cada milímetro en mi corazón.
Ellos me dicen que no eres perfecta y yo pienso que están absolutamente locos.
Y pasa lo de siempre, desde que apareces en mi mente,
ya no hay marcha atrás, te apropias de mi cuerpo y reclamas el hecho de ser dueña de mi.
Me seduces en silencios solo con pestañear.
Me llevas al extremo de no poder discernir exactamente que eres,
mujer a caballo entre ángel y diosa.
Y luego, cuando creo que ha pasado, cuando creo que ya mi mente ha recuperado el control.
Empieza a sonar una extraña musica, tú te situas detrás de mi,
tus brazos me rodean y siento como te apoyas en mi.
Me siento tan inmensamente feliz que nunca puedo acostumbrarme
y no puedo ni darme la vuelta porque estoy hechizado en esa sensación.
Cuando ya estoy ebrio de amor, me giro, y busco tus labios con mis dedos,
agradeciendo la suavidad de tu piel, de tu pelo,.
Entonces ya no puedo mas, te robo un beso que vale por mil,
dejo mi alma grabada en algún rincón de tu boca, para que siempre sea mía.
Y tras eso, mi cuerpo desiste, mi corazón manda
 donde antes había cielo ahora solo está tu sonrisa
 y a tomar por culo el universo con sus desdichas,
que yo solo quiero  perderme entre tus caderas y hacerte mía para siempre.
Que lo que tu me das, no me lo puede dar nadie,
que lo tú eres, no lo será nadie.
Que enamorado como estoy de ti
nunca lo ha estado nadie.
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¿Qué me cuentas pequeña?
¿Para qué has venido a mi?
Me he pasado toda la vida buscándote,
y resulta que tocas a mi puerta.
Llevando una vestimenta apropiada,
para robarme el corazón en medio segundo.
Llevando unos labios de rojo ardiente,
para que me los coma con la mirada.
Preguntando si tengo un hueco para ti en mi cama,
y creyendo que no sabes la respuesta.
Quedándote a una linda velada,
donde podemos hacer poesía hasta de la banda sonora,
coronada por gemidos e improperios,
como hacen todos los amantes locos.
Y luego te vas, acabando con mi cordura,
haciéndome creer que el paraíso tiene fecha caduca.
No entiendes que estoy solo,
bajo una noche estrellada,
echándote de menos sin siquiera saber tu nombre.
Qué lo único que sé, es que por naturaleza,
llevas el título de princesa.
Y no queda bar en el país para darme consuelo.
Ni esquina de París que no lleve tu rostro.

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