martes, 6 de enero de 2015

El librero



                En un pueblecito, no lejos de aquí, pero tampoco cerca, había una librería muy, muy antigua. Tanto, que sus puertas eran de madera recia y tenían efigies en los pomos. Tanto, que el cristal era grueso, de cuando se forjaba cristal de calidad. Pero no tanto como el librero, el librero era aún mayor.
                Tomás acababa de cumplir los ocho años y sus padres le dijeron que podía ir a la librería, y escoger el libro que quisiese. ¡A Tomás le gustaba tanto leer! Fue muy ilusionado, nunca había entrado a la librería, pero el librero a veces contaba cuentos en el colegio, y  parecía una persona muy amable.
                No tardó en llegar ante la puerta de la librería, armado de valor e ilusión, agitó fuertemente la anilla contra la madera para indicar su llegada al viejo librero y entró.
                Había muchísimos libros, en la biblioteca del cole habían muchos libros, ¡pero en la librería habían muchos más! Se apilaban unos sobre otros para poder caber, peleaban por enseñar su lomo y conquistar con su título. Los estantes estaban abarrotados, detrás de cada libro, había otro más.
                Tomás estaba maravillado.
                El viejo librero intentó aconsejarle, pero Tomás le ignoró, toda su atención estaba concentrada en una cosa. Al fondo de la librería, había una vitrina llena de libros, cuidadosamente ordenada, limpia. Sin libros abarrotados a su alrededor.
                No tardó en preguntar que tenían de especial esos libros.
                El librero sonrió y sus arrugas se movieron.
                "Estos libros son muy especiales para mí, porque me los regalaron. En cada uno de ellos, además de una parte del autor está el recuerdo de la persona que me lo regaló. Muchos los compraron lejos, y traen la esencia de otros países. Son una parte importante de la memoria que no quiero olvidar".
                Tomás salió corriendo de allí. Fue a buscar a su mejor amigo, y le dio el dinero que le habían dado sus padres, y le dijo: "Quiero recordarte aun cuando seamos viejos y ya no nos veamos porque tu quieres ser astronauta y estarás muy ocupado, así que cómprame un libro, para acordarme siempre de ti".
                Su mejor amigo tomó el dinero y volvió al rato, traía dos libros. El primero, lo había comprado con el dinero que Tomás le había dado, el segundo, se lo había regalado el librero, y en la primera página decía: "Nunca te olvides del viejo librero que te hizo empezar tu colección de recuerdos".
                Y nunca le olvidó.


1 comentario:

  1. Me acordó un poco La biblioteca secreta de Murakami. :)
    Qué bonita sensación, eso que te regalen libros. A mí no me han regalado nunca uno, pero imagino que tiene que ser precioso. Además, que contenga alguna carta entre sus páginas, ohhh!! Bueno, eso mismo he hecho con los libros que le he regalado a mi amiga. :) Maravillosos sentimientos, bueno, todo lo que tenga que ver con los libros. Serás un padre y un abuelo increíble, ya lo verás. *-* Normal, contando esos cuentos, que incluso a mí me encantaría ser tu hija, y poder escucharte. Me encantaría escuchar todo mi vida. Dios, esto suena algo extraño. XD
    Qué triste, poco a poco me habré leído todos tus textos. :(

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