martes, 6 de enero de 2015

El mecánico

     "Todo empezó aquel fatídico día en el que no se veían las estrellas. En la noche más oscura que jamás he visto en mi vida. Todo empezó con la rebelión de un hombre, que no tenía nada que perder y una fe que le hacía creer que no había nada que no podría conquistar. Todo lo que el hizo, te lo puedo contar. Yo estaba allí, yo no creía en el. No podía creer en un desgraciado aferrado a un ideal."

     Era la quinta redada de comida para la familia real en lo que llevábamos de invierno. La gente tenía frío y racionando lo poco que teníamos sólo conseguían no superar las enfermedades. El mundo era horrible. Era un privilegio estar en las ciudades. Allí al menos no morías despellejado por los salvajes ni atacado por los animales. Pero allí dentro el alma moría mucho antes que el cuerpo.
     Y un cuerpo sin alma no valía para nada. Yo lo llevaba bastante bien. Mis días eran divertidos. Siempre he sido pequeño y delgado. Aunque era normal que todos fuéramos delgados. No había mucho que comer. Me llamaban Andrew, los que me acogieron digo, mis padres habían muerto.
     Vivía en el sector F de la ciudad. Nosotros teníamos la entrada principal al exterior, lo que significaba que éramos los primeros en recibir los ataques y los primeros en comerciar.
     Mi casa era pequeña, como todas las del barrio. Así que pasaba mucho tiempo fuera. Pensareis que mi vida era una desgracia, porque siempre iba con el pelo desaliñado y vestido con harapos, pero la de todos era así. Por tanto mi vida era normal.
     Y también pasaban cosas buenas. En los barrios había un mecánico, siempre fue amable conmigo. Se pasaba los días arreglando los viejos transportes para que duraran al menos un viaje más. Era enorme, siempre pensé que era un guarda real porque todos ellos eran grandes, para poder pegar a la gente que se resistía. Pero no.
     Me encantaba verle trabajar, el abría los transportes y usaba herramientas para que volvieran a andar. A el no le importaba que le mirara. Las primeras veces nunca me dijo nada. Luego cogió por costumbre decirme que me acercara para ver mejor.
     Yo le miraba con curiosidad. El disfrutaba cuando los transportes iban y siempre me miraba sonriendo, moviendo toda su barba a lo largo de la cara. Creo que tenía los ojos verdes, me parecía raro, nadie de por aquí tenia los ojos verdes.
     Una vez incluso, me enseñó su tesoro. La tenía oculta en el taller. Decía que era una moto. Pero yo nunca había visto nada como eso. Era de un color negro precioso. Según él, era una Triumph Thunderbird y era lo que más quería en este mundo.
     Bueno, volvamos a lo que nos concierne. El día de la quinta redada.
     Como siempre los guardias entraban en nuestra casa y se llevaban lo que consideraban necesario. Nos dejaban sin nada. Muchas casas tenían escondites. Se turnaban para guardar comida para todos. Nadie quería correr el riesgo.
     Cuando todo acabó. Salí al taller.
     Vi al mecánico esperando. Me aparté a un lado. Estaba distraído. Me extrañé. De pronto oí un ruido detrás de mi. La guardia imperial había vuelto y llevaban arrastrando una moto.
     ¡Pensaba que la del mecánico era la única!
     Vi como la ponían en el taller. Y le daban tres horas. El mecánico empezó a trabajar en el acto. Yo empecé a mirarle. Ya había desmontado bastantes cosas, cuando miró hacía mí y me dijo que me acercara.
     "¿Te acuerdas de las herramientas? Necesito que hagas lo que te digo y me traigas las que te pida"
     Accedí sin dudar.
     Pasamos una eternidad. Viendo cómo funcionaba. Yo le oía farfullar diciendo que el dueño de esa moto era un inútil que la estaba matando.
     Finalmente. Arrancó.
     La moto iba perfectamente y justo a tiempo. Estábamos acabando de limpiarla cuando llegaron los guardias.
     Se llevaron la moto sin decir nada. Y yo vi al mecánico estar tranquilo.
     Volví a mi casa a leer algo durante la tarde. Me gustaba leer. Me enseñaba mucho.
     Y de golpe empecé a oír gritos de la guardia.
     Salí de casa. ¿Otra vez la guardia? Estaban en el taller, apelotonados. Eran una docena como poco. Oí un grito del mecánico.
     -¡MALDITO PERRO! ¡Decías que eras el mejor! ¿Cómo dejaste que pasara esto?- decía uno de los guardas mientras arrojaba al mecánico a los otros.
     -EL HIJO DEL REY ESTÁ HERIDO POR TU INUTILIDAD. DERRAPÓ CON LA JODIDA MOTO Y AHORA TIENE UNA PIERNA ROTA AL CAERSELE ENCIMA.
     Uno de ellos empezó a tirar las cosas del taller al suelo. Otro, empezó a darle puñetazos en el estomago.
     -MIRA TODA ESTA MIERDA, NO VOLVERÁS A JODER A LA GENTE,ESCORIA.
     Y todos menos, dos que agarraban al mecánico y otro que le daba puñetazos entraron al taller.
     Oí el ruido de como destrozaban todo. Al mecánico le daba igual, solo se quejaba por los puñetazos, no hacía nada más.
     De repente, oí un grito de asombro. Eso me estremeció y al mecánico también.
     Dos minutos después, la Triumph Thunderbird estaba por fuera del taller.
     El mecánico empezó a temblar.
     Y le oí hablar en un tono de voz, que jamás había oído.
     -Pedazo de basura, déjala donde estaba. Vosotros escoria, quitad vuestras manos de ella.
     Los guardas empezaron a reír. El mecánico se aprovecho y se zafó de uno de los que le agarraban, hundiendo su puño en el que le había estado pegando.
     El resto se le echó encima. Lo dejaron lleno de sangre, magullado. En el suelo.
     -Pedazo de mierda, este será el pago al hijo del rey por tu incompetencia.
     Se la llevaron y lo dejaron ahí.
     Se llevaron mucho más que una moto. El sé quedó allí tendido. Creo que lloraba.Yo no podía dejar de mirarle.Se levantó al cabo de un rato, justo cuando empezaba a anochecer. Cojeaba. Se metió en el taller. Yo le seguí. Intenté levantar un par de cosas. Ordenar lo que pude. Pero todo estaba destrozado.
     Apareció al cabo de unos minutos, llevaba una chaqueta de cuero. Hacía mucho que no veía el cuero, solo en los viajeros. Ya no tenía la boca manchada de sangre.
     En su hombro derecho se leía libertad. En el izquierdo, fraternidad.
     En el pecho, igualdad.
     En la espalda, "Los que traicionaron a Dios".
     El no me miró, cogió un par de llaves inglesas del suelo y algunos llaves especiales. Pasó a mi lado y no me miró, parecía aun más grande. Cuando estaba detrás de mí, le oí decir. "Si eres capaz de arreglar esto y has aprendido algo de lo que has visto, todo esto, es tuyo."
     Lo que viene ahora, está más que verificado. Las cifras de muertos fueron 22 guardas. Todos ellos con el cráneo aplastados. Todo ello por cabrear a un hombre.
     Pero su ira, no era fácil de contener. El hizo lo que nadie pensó que se podía hacer. Lo que solo alguien loco creyó posible. Entró por las puertas del palacio. Entro ahí y le partió las piernas, la columna y los brazos al hijo del rey. Lo mató en vida. Lo encontraron en el suelo, en posiciones imposibles, sin poder ni llorar.
     El mecánico cogió su motocicleta y salió del palacio.
     Para ese momento todos estaban sobre alerta.
     Los que lo vieron llegar a la puerta del sector decían que era un ángel. Los que lo veían salir, el diablo.
     El francotirador le abatió justo antes de llegar a la puerta. Pero él siguió encima de la moto hasta estrellarse contra el muro y caer. Él aún estaba vivo.
     Tirado en el suelo. junto a su Triumph. Empapado en la gasolina del depósito.
     Y su último acto, fue encender su mechero.
     Él jamás permitiría que su tesoro acabara en malas manos, era todo lo que tenía y si no estaba, nadie lo tendría.
     Las noticias no tardaron en llegar y expandirse por la ciudad.
     Él fue el pilar de la rebelión.
     Yo por mi parte, no creáis que no asistí a la causa. Arreglé el taller, compré cuero con ese dinero. Formé una familia, gente que sintió lo mismo que yo ese día.
     Todos traicionamos a Dios. Todos creemos lo mismo.

Nosotros vamos a poner fin a esta guerra. Vamos a mandar a la realeza al infierno y a todos los que intenten protegerlos.

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