martes, 13 de enero de 2015

[Maratón Universitaria]Un profesor ejemplar

No debería estar escribiendo esto ahora mismo, pero por una vez, ha sido el destino el causante de que escriba y no mi afición a la procrastinación. El plan de hoy era estudiar mañana y tarde en la universidad, pero resulta que las aulas deben ser ocupadas por algunos exámenes prácticos y no podemos estudiar a gusto en la biblioteca, (necesitamos hablar). Así que estoy descansando en mi casa para estudiar vía Skype cuando se aproxime la hora del café.

Al caso, lo que quería contar tiene que ver con un profesor ejemplar.

El día comenzó de forma sublime, descansado por haberme acostado pronto y con ganas de todo, pude hacer todos los trámites de la vida cotidiana en apenas dos horas y aún me sobraba tiempo. (Incluso estrenar mi fiambrera, sí, en aras de la cantidad de tiempo que voy a pasar en la universidad me he hecho con una fiambrera para dejar de sobrevivir a base de papas -patatas para los foráneos- fritas). Por lo que, al menos, todo prometía. Llegué a la universidad con mi compañero de estudios a eso de las 11, alquilamos un carrel (una habitación separada donde puedes hablar todo lo que tu quieras, diseñada para el estudio en grupo), y expusimos las dudas.

De los dos ejercicios que más dominabamos había un factor común que nos frenaba, los que requerían alguna operación matemática en mitad de la consulta. (La asignatura es bases de datos y funciona mediante consultas), con lo que decidimos reunir esas preguntas e ir a tutorías con el profesor.

En una primera aproximación pudimos comprobar que el currículum del profesor era estelar. Era un hombre con una carrera brillante que había participado en una serie ilimitada de trabajos, y no podía decirse nada malo de su capacidad como docente, con lo cual, era un profesor ejemplar. Su despacho estaba en la cuarta planta del departamento de Matemáticas, el número 92. Recorrimos con calma los escasos treinta metros que separan a ambas facultades y subimos en ascensor hasta la cuarta planta.

Una vez allí cruzamos todo el pasillo para descubrir varias cosas: A una chica esperando por fueray a una zona de descanso compuesta por cuatro sillas y vistas a la autopista que bordea la ciudad. Charlamos muy poco pues ella entró al instante. Al parecer tuvo varias dudas porque nos hizo esperar bastante, pero por fin, llegó nuestro turno.

Yo no sé si habéis estado en el despacho de muchos profesores, pero normalmente suelen ser despachos compartidos con varias mesas y algunos libros de consulta. El despacho de este hombre no era compartido y por ende, tampoco excesivamente grante, pero era maravilloso. Desde la puerta (se entraría por uno de los lados estrechos de un rectangulo si buscamos perspectiva), todo se disponía en paralelo a la vista, de tal forma que la disposición era girada a la derecha. Su mesa era de madera recia y rodeaba el asiento del profesor, recordando a una barra de bar. Detrás de ella, de punta a punta de la pared más larga, todo eran estanterias de madera pura. El grosor de los estantes ya decia mucho de su precio, era mas del doble del que se puede comprar en tiendas como Ikea. En los estantes inferiores, carpetas con infinidad de documentos, en los superiores, libros y material de consulta. Las estanterías no llegaban hasta el techo, tenían una altura de dos metros, y sobre ellas, se almacenaban las cajas de material informático. Todas pulcramente alineadas, como si hubiera sido un experto jugador de tetris.

El summun llegó cuando se levantó, cruzó la mesa/barra de bar y se paró a nuestro lado. Este hombre tenía un dispensador de agua y una nevera en su despacho. Se sirvió un vaso de plástico, nos ofreció y nos preguntó por las vacaciones. En mi interior me alegré por su tranquilidad. Nunca me ha gustado preguntarle dudas a este profesor, explica tan bien que me hace sentir mal el tener que preguntarle dudas. Una vez se bebió el vaso de agua, encestó un triple en su papelera y nos preguntó que queríamos.

Le comentamos la duda y el tipo nos quitó el examen de las manos, miró la relación de las tablas, cogió un folio, y nos hizo explicarle nuestro hilo de pensamiento. Nos dijo que solamente nos faltaba un poco para conseguir lo que buscábamos y nos resolvió el problema de dos formas distintas. Nos comentó que habíamos hecho muy bien el trabajo de la última práctica y que mañana estarían las notas del último parcial. También nos deseó suerte para el jueves.

El ver a ese hombre tan serio, dominando tan bien su contenido y dominando lo que pide (estoy harto de los profesores que tienen los exámenes resueltos y que te enseñan el ejercicio cuando les preguntas alguna duda), en su despacho, con una mesa amplia y una nada despreciable cantidad de conocimiento detrás, me pareció sorprendente, de verdad, un profesor ejemplar.

1 comentario:

  1. ¿Ya he mencionado que con tus textos me devuelves algún recuerdo? :O Creo que sí. Pues me acuerdo cuando, desesperadamente, fui en busca del despacho de una profesora de estadística, y además de esperar siglos (por lo solicitada que estaba) su despacho era un desastre. Nada comparable con tu profesor. :')))))) Y me acuerdo de ello porque me resultó extraño lo desastroso que llegaba a ser, y porque tardé años en buscar el edificio correspondiente. Ahhh, ¡me gusta imaginarme todo tu día!*-* Lo que me llamó mucho la atención, es la forma que tienes de estudiar. Es decir, en compañía, e incluso, ¿por Skype? ¿En serio? ^O^ Me imagino que eso sirve mucho, sobretodo cuando se trata de una carrera como la tuya.
    Bueno, esta tarde voy a estudiar también. :C De momento, ¡te deseo muchísima suerte!

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