domingo, 9 de agosto de 2015

El pecador inocente

De Alan Wake aprendí, que la lógica es la antítesis del miedo, rara vez uno reflexiona sobre los hechos y queda atrapado en un bucle donde no puede dejar de preguntarse, ¿por qué?

Ubicar estos hechos en tiempo y espacio, se antoja difícil. Pero diremos que yo, fui testigo días antes, de un ensayo in vivo de una captura policial. Mientras un agente representaba al sospechoso, el cuál iba armado y pasaba por delante de mi casa, otra pareja de agentes se encargaba de encontrarlo frente a frente y realizar su captura. El compañero era herido por una bala y ella le practicaba ferozmente los primeros auxilios.

Viéndola agachada con mis ojitos que apenas eran capaces de rebasar el alféizar de la ventana, me recordó intensamente a Dana Scully, de Expediente X.

La simulación fue todo un éxito y a los dos días, la reconocí sentada en un coche. Quise que volviera a brillar, al igual que lo había hecho otros días. Arrastré a mi hermano pequeño, que inocentemente solo había podido probar su patinete en el patio y nunca había ido más lejos, y le dije que hoy podíamos ir hasta la esquina de la calle, donde terminaba la acera y volver.Llegamos abajo y le insté a que practicara mucho más el girar sobre sí mismo antes de volver.

A los malos el hombre precavido los reconoce desde un kilómetro. Y cuando vi su sombra estirarse al máximo, le dije a mi hermano que volviera a casa.

No puedo buscar ningún motivo oscuro que me impulsara a arrojar a mi hermano a las fauces de aquel hombre peligroso. No había, en realidad, ningún sentimiento de odio por él. Yo solo quería ver brillar de nuevo a esa mujer.

Y la escena siguiente, ocurrió en total primer plano. Mi hermano disfrutaba del viento alrededor, se impulsaba con energía contra el duro suelo. El patinete chirriaba un poco a veces en la rueda de atrás. Sonrió al hombre que venía por delante. El hombre, miró en derredor y vio a aquella pareja en el coche. Fue un acto reflejo, mi hermano solo vio la pistola. Y cayó desplomado con un dolor agudo pero instantáneo en el pecho.

El hombre fue abatido con total precisión por los agentes, pero ya era tarde.

Me relamí los labios pensando en como brillaría la mujer ahora, en como salvaría luchando con aún más ferocidad por la vida de mi hermano. Pero opuestamente a lo que yo había creído. Se acercó al cuerpo inerte, y al ver la gravedad de sus heridas solo pudo llevarse las manos a la caras.

Me dio un ataque de pánico insonoro. Y hasta pasado un rato no fui capaz de recuperarme de una palidez que me fundía contra las paredes un edificio bañado en cal.

Al volver la vista, en la calle no había ningún cadáver. Solo dos siluetas blancas dibujadas en la acera. Caminé, hasta la que era que mi casa, y me asusté al ver tres figuras horrendas situadas por fuera, no eran humanos, no lo creo. Aunque compartían características con los humanos, no podían serlo. Uno se asfixiaba con un pequeño film que le cubría la cara y luchaba por respirar con todas sus fuerzas. Otro, apestaba a desodorante mientras no paraba de toser. El último, olía igual que un medicamento de mis abuelos.

Aquel horror me hizo correr hacia mi casa sin pararme a pensar en las represalias de haber asesinado a mi hermano pequeño, en qué diría mi familia o qué demonios pasaría con todo esto.

Al entrar en casa. Sentí un súbito escalofrío. Antes de encender la luz, vi una sombra con forma de persona. Allí, entre los muebles del salón. Claramente. Pero encendí la luz y no pude verla más. Me dirigí a la cocina por un vaso de algo, de refresco, de zumo de naranja, de leche, de agua, de algo que me hiciera calmarme un momento mientras se deslizaba por mi garganta. Pero a mi espaldas oí un click.Y noté como la oscuridad se cernía en mis espaldas, intuyendo que la luz se había apagado en el salón.

Mi pensamiento fue rápido y estúpido, busqué papel de cocina. Y armado con él, me acerqué. La sombra estaba más cerca, pero no lo suficiente. Encendí, me alejé y la volvió a apagar. Busqué una linterna en los muebles de la cocina. Volví corriendo al comedor y esta vez eso estaba junto a la puerta. Salté con el impulso que me podían dar mis pequeñas piernas, y solamente con tocar el microfilm, eso empezó a gritar y a desaparecer. Se le cayó algo, una linterna. Encendí la luz y corre a fechar puertas y ventanas en la entrada. Con la linterna en la mano, me sentía algo más seguro, pero si podía prevenir a los enemigo de entrar, mejor.

Tras terminar toda la tarea, volví a darme cuenta de que la luz estaba apagada. Rebusqué en mi cuarto, mi abuela había creído que dándome un desodorante de esos de hombre podría lograr que se me quitara la idea de la cabeza de usarlo. Y era cierto, casi me muero la primera vez que me lo puse.

Lo encontré. Esta vez, todo fue más sencillo. Simple y rotundo, el enemigo murió asfixiado sin derecho a súplicas.

Un ruido en la puerta de atrás me sobresaltó, ¡mis padres habían vuelto a casa! Corrí a saludarlos y con lágrimas en los ojos, balbuceé lo que quería decir. Su apatía fue cruel y terrible. Mi padre me apartó para ir a su cuarto y dormir. Mi madre me ignoró y se metió en la ducha. Al volver atrás, la luz del salón estaba apagada de nuevo.

Busqué por toda la cocina, el medicamento. Era algo para el estómago, lo sabía, lo había olido muchas veces. No lo encontré. Mi madre tenia que tener todas las respuestas. Solo habia que salir corriendo de la cocina y pasar delante de la puerta del salón para llegar al baño.

Me armé de valor y corrí. Pero no lo conseguí. Algo me agarró la pierna, y el pánico me impidió gritar. Me arrastré. Me arrastré y recorrí la escasa distancia que me separaba del baño. Empujé la puerta entre abierta. Y ante un: "¿Qué quieres?" de mi madre, mi respuesta fue muda.La presión en el cuello, me impedía hablar y poco a poco, me arrastraron de nuevo hacia la oscuridad más terrible, de la que no se puede regresar.

2 comentarios:

  1. TÚ.
    DEBERÍAS.
    SER.
    ESCRITOR.

    ------------------

    Y PUNTO :)

    ResponderEliminar
  2. Y tú también.
    ¿Quién lo será primero? :)

    ResponderEliminar